Yuly Andréa Arcila García

En Colombia, el achaparramiento del maíz se ha convertido en un grave problema para los productores de este cereal. Esta enfermedad Inicialmente afectó a los departamentos de Huila y Tolima, pero rápidamente se extendió por el territorio nacional y hoy tiene el potencial de afectar la producción en casi todo el país y causar pérdidas de rendimiento del 50 al 90% (AGROSAVIA, 2023; Ruralnet, 2018).

El achaparramiento es un complejo de tres patógenos: el Spiroplasma del achaparramiento (Spiroplasma kunkelii), el Phytoplasma del Enanismo Arbustivo del Maíz y el Virus del Rayado Fino (Henriquez, 1997) que afectan la eficiencia del fotosistema y reducen el área de la hoja, impactando negativamente la fotosíntesis, la capacidad de la planta de producir fotoasimilados y consecuentemente su capacidad de producir y llenar mazorcas adecuadamente (Campos et al., 2021). Hoy no existe un tratamiento curativo efectivo para esta enfermedad (Pozebon et al., 2022).

Dalbulus maidis es un saltahojas del maíz que es conocido por ser el principal vector de los patógenos que causan el achaparramiento del maíz (Carpane & Catalano, 2022) (Foresti et al., 2022). Se trata de un insecto pequeño con una longitud lineal de 3.50-4.00 mm para los machos y 4.00-4.10 mm para las hembras. Su color general es blanco amarillento con dos manchas redondas negras distintas en su corona. Esta plaga ha sido recolectada y registrada en los Estados Unidos, México, América Central, América del Sur y las islas del Caribe (Trivellone, 2019). Su rango de hospedadores se limita al maíz y sus parientes (como el teosinte) (Tsai, 2008).

El ciclo de vida completo de Dalbulus maidis comienza como un huevo y luego pasa por cinco estados ninfales antes de alcanzar la edad adulta (Jones & Medina, 2020). Los huevos eclosionan después de nueve días y los cinco estados ninfales duran en promedio 25.61 días. La vida adulta de las hembras es de 44.85 días y la de los machos es de 22.95 días (Valarezo et al., 2013). El insecto, en sus formas ninfales y de adulto, contagia los patógenos alimentándose de plantas infectadas y luego moviéndose a plantas sanas donde continúa alimentándose, siendo las formas ninfales las más eficientes en la transmisión de la enfermedad (Trivellone, 2019).

El control químico no es efectivo para el control del Dalbulus maidis (Davis, s/f) lo que obliga a los agricultores a emplear medidas preventivas para reducir las poblaciones de la plaga a niveles tolerables.

Existen 10 hábitos sanitarios que los agricultores productores de maíz deben seguir para evitar los daños por Dalbulus maidis en sus cultivos (ICA, 2020):

1. Usar semilla desinfectada y certificada:

Las semillas certificadas han sido probadas para asegurar su pureza y calidad, como consecuencia vienen libres de enfermedades y de semillas dañadas o inmaduras. Así mismo tienen altas tasas de pureza genética, germinación y vigor. Esto se traduce en un riesgo menor de introducir plagas y enfermedades en los cultivos y en una mayor capacidad de tolerar situaciones adversas como podría ser un ataque de estos (IRRI, s/f).

2. Manejar los vectores con protección de semillas:

El tratamiento de semillas con insecticidas puede ayudar a proteger las plantas de maíz contra el daño causado por Dalbulus maidis (Neves et al., 2022).

Una vez sembradas, las semillas tratadas están protegidas contra las plagas del suelo y al iniciar la germinación, el producto, dependiendo de sus ingredientes activos, puede ser absorbido y llevado a toda la planta, dando protección a raíces y hojas de ataques tempranos de plagas del suelo y follaje durante las etapas más críticas del cultivo reduciendo el riesgo de pérdidas (Bayer, s/f; Sustainable, Secure Food Blog, 2021).

Este tratamiento ha demostrado reducir las pérdidas de rendimiento por la enfermedad del achaparramiento del maíz en un 20-60% hasta la etapa de crecimiento V4 (Neves et al., 2022). 

3. Sembrar en época óptima y concentrada:

La siembra oportuna en una ventana de siembra óptima y concentrada mitiga los riesgos de pérdidas de rendimiento causadas por el crecimiento de los cultivos en períodos de condiciones climáticas subóptimas o extremas, como olas de frío y calor, sequías o inundaciones a la par que aumenta la eficiencia de los recursos (Urfels et al., 2021). Adicionalmente, las siembras sincronizadas reducen el tiempo que los cultivos, en este caso el maíz, están disponibles para la plaga, evitando que esta migre de uno a otro y por lo tanto, interrumpen su ciclo biológico y su posibilidad de perdurar (Islam, s/f; Ives & Settle, 1997). De ahí la importancia de respetar las ventanas de siembra y las vedas sanitarias.

4. Rotar los cultivos:

El objetivo de la rotación de cultivos es interrumpir los ciclos de vida y reducir las poblaciones de insectos plaga presentes en el lote. Esto funciona especialmente bien con plagas que tienen un limitado rango de cultivos hospederos, como es el caso del Dalbulus maidis, pues al ocurrir la rotación tienen serias dificultades para encontrar en dónde establecerse, alimentarse y reproducirse (Islam, s/f). 

5. Nutrir adecuadamente el cultivo con base en el análisis de suelo:

La fertilización equilibrada y regulada de los cultivos puede reducir la susceptibilidad de las plantas a insectos chupadores, como el Dalbulus maidis, ya que estos son sensibles a las variaciones en la nutrición del cultivo.

Las defensas primarias bioquímicas, físicas y mecánicas de las plantas contra las plagas pueden ser mejoradas mediante una fertilización balanceada y si bien todos los elementos tienen un rol en la nutrición vegetal, el nitrógeno y el potasio son los que mayor impacto tienen en este sentido.

Las fertilizaciones desequilibradas y ricas en nitrógeno pueden aumentar la incidencia de plagas en los cultivos dado que, para la mayoría de los insectos fitófagos, el contenido de nitrógeno en las hojas es un indicador de la calidad de su alimento. Cuanto mayor sea el contenido de este elemento, mayor será la calidad nutricional de la planta para la plaga.

Por lo general, la aplicación de fertilizantes nitrogenados en un cultivo específico aumenta la preferencia de las plagas por ese cultivo, lo que eleva los niveles de consumo del insecto y sus tasas de supervivencia, crecimiento y reproducción, así como la densidad poblacional de la plaga. A su vez, reduce la capacidad de resistencia de las plantas como consecuencia del ablandamiento de los tejidos vegetales y del mayor consumo de carbono para procesar el exceso de nitrógeno, lo que limita su disponibilidad para la producción de fenoles y quinonas, sustancias que actúan como fitoalexinas y precursoras de las suberina y lignina, que son algunos de los mecanismos naturales de las plantas para protegerse del ataque de los insectos.

En contraposición, el potasio mejorar el metabolismo de compuestos secundarios producidos por la planta para defenderse, reduce la acumulación de carbohidratos y elimina algunos aminoácidos haciendo a la planta menos atractiva para los insectos. Así mismo, endurece las estructuras de la planta: fortalece la cutícula, hace más gruesa la epidermis, endurece las paredes celulares, mejora la formación de tejidos esclerenquimatosos, estimula la lignificación, estimula la acumulación de silicio y genera tallos más gruesos y duros. Este endurecimiento de las estructuras de la planta mejora la resistencia mecánica a la alimentación de los insectos (Singh & Sood, 2017).

6. Regular la densidad de siembra con buena calibración:

Una alta densidad de cultivo favorece la proliferación de plagas y enfermedades, esto porque la distancia que tienen que recorrer los insectos vectores entre una planta y la otra es mucho menor, lo que facilita la diseminación de las enfermedades contagiadas por estos. Así mismo, la mayor densidad de follaje dificulta la penetración de los productos para protección de cultivos, en este caso de los insecticidas, lo que reduce las tasas de control favoreciendo la proliferación de la plaga (Hernández, s/f).

También es importante considerar que a mayores densidades mayor es la competencia por agua, luz, nutrientes y otros recursos entre las plantas del cultivo, lo que eleva sus niveles de estrés y en consecuencia su susceptibilidad al ataque de plagas y enfermedades (Chojak-Koźniewska et al., 2018; Craine & Dybzinski, 2013; Ngouajio, 2011).

7. Usar control biológico:

Las aplicaciones de productos con base en Metarhizium sp. y/o Beauveria bassiana han probado ser eficaces en el control integrado de Dalbulus maidis (Vita, 2020). Beauveria bassiana y Metarhizium sp. son hongos entomopatógenos que producen enzimas que degradan la cutícula del insecto y lo matan por deshidratación. También tienen la capacidad de producir toxinas que afectan el sistema nervioso del insecto causándole la muerte (Motta- Delgado & Murcia-Ordoñez, 2011).

8. Monitorear tempranamente:

El monitoreo temprano de los cultivos permite evaluar el nivel de presión ejercido por las plagas y su posición con respecto al nivel de daño económico. Esto a su vez permite tomar decisiones oportunas para el control de las poblaciones de insectos (King, 2018).

9. Evitar el estrés hídrico:

La falta de agua en el cultivo puede favorecer el ataque de plagas porque hace a las plantas más nutritivas para los insectos, dado que la falta del líquido aumenta la concentración de los aminoácidos en el tejido vegetal. Así mismo, la carencia de agua limita la capacidad de las plantas de producir sustancias de defensa y las lleva a emitir señales de estrés que pueden hacerlas más atractivas para los insectos plaga (Maxmen, 2013). En consecuencia, asegurar la disponibilidad de agua para nuestros cultivos es fundamental.

10. Seleccionar los insecticidas y tener presente la adecuada técnica de aplicación:

Dentro de los ingredientes activos y grupos químicos recomendados para ser usados en rotación para el control de esta plaga se encuentran el Thiodicarb que es un carbamato, la Lambda-cyalotrina, Gamma-cyalotrina y Deltametrina del grupo de los piretroides, el Thiamethoxam, Imidacloprid y Thiacloprid que son neonicotinoides, el Sulfoxaflor que es una sulfoxamina y el Clorantraniliprole o el Cyantraniliprole que son Diamidas (Rodriguez Chalarca, 2020).

Siguiendo estas diez pautas es posible reducir de manera significativa el impacto del Dalbulus maidis sobre los cultivos de maíz, asegurando así la sostenibilidad del negocio de los agricultores.

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